Barroco Mestizo

Lo que llamamos “barroco mestizo” es un fenómeno, en el ámbito cultural, histórico y científico, de una gran importancia. Esa expresión artística americana del siglo XVIII es considerada la evidencia más propia y encumbrada de una realidad humana construida en lo que fueran colonias españolas en América. El magnífico mosaico hispanoamericano da luces acerca de una fusión de tradiciones con variadísimos matices para cada región y una expresión artística “mestiza” de estimulantes incógnitas para cada uno de sus casos.


En este sentido el caso de lo que fuera el antiguo Alto Perú comporta una especial importancia y parada imprescindible para el estudioso del arte americano. Precisamente allí, en una franja que va desde Arequipa hasta Potosí, se han identificado los casos más impresionantes de aquella expresión fusionada. Desde allí tenemos una aproximación a las tradiciones de ese ser histórico americano desde un planteamiento filosófico-hermenéutico.

El desplazamiento de la tradición no es un espacio auxiliar, sino quizá el momento hermenéutico más importante. Sin embargo esta re-presentación no deja de contener cierta injusticia con el pasado, pues sin importar todo lo que se insinúe este podría seguir apareciendo como historiografía que repite formulas vacías. No obstante recíbase como ayuda en el esfuerzo que hará cada cual por tomar horizonte. Sin la conciencia del pasado y la tradición no se podría hablar del cómo sus imágenes han sido generadoras de un nuevo modo de comprender e interpretar el mundo.

La comprensión de lo barroco-mestizo se representa en nuevas interpretaciones, no sólo artísticas, sino también ontológicas. El barroco mestizo, como expresión artística, puede hablar de una comprensión distinta en el universo hermenéutico y que mueve los hilos de la historia con su invaluable mediación. El arte en América se presentó desde sus inicios con importantes distinciones respecto al arte europeo, fundamentalmente porque las realidades que lo generan y motivan no son las mismas que las de occidente, pero guarda profundo “parentesco”. Hay un constante juego de intercambio e incorporación que permite abrir en las obras de arte un campo de encuentro para ambas culturas.

Por ello se ve en el “barroco mestizo” la cúspide de una nueva comprensión. La misma que se mueve entre el enfrentamiento y el encuentro de realidades humanas que comparten un propio horizonte total. Con ella se volverá los ojos y los oídos al pasado y la tradición, lejos de un afán metodológico y arbitrarias determinaciones de sentido, para hablar acerca de “lo mestizo” y mostrar cómo la obra de arte es también una interpretación de un sentido distinto en la realización de la comprensión histórica.

La interpretación barroca mestiza alcanza a formular algunas respuestas a la crisis provocada por la Conquista, pero no fue un planteamiento inapelable sino una posibilidad que se construyó en lo efectual de su historia como camino de integración ontológica. Su construcción de sentido y todas sus respuestas se guardan en un misterio inabarcable; pero su arte se representa en medio nuestro y permite la mediación de pasado y presente. Entonces, lo más grandioso es caer en cuenta que parte de esas respuestas se representan con y entre nosotros. Parte de ese sentido habla con el nuevo sentido que se construye, diciendo algo de nosotros mismos y por ende de la verdad.