
Dos días después, a propósito de la construcción de la carretera Villa Tunari – San Ignacio de Moxos, nos amanecimos con ésta otra joya de nuestro senador: “Cuando se trata del avance, la ecología debe ceder. El presidente (Evo Morales) tiene el interés del progreso del país, frente a la actitud de los dirigentes indígenas que se cierran”. “Sí, la construcción los afectará, pero después se les dará dinero y se beneficiarán, no como otros gobiernos que no les daban nada”. Sinceramente no soy capaz de poder decir nada ante semejante irracionalidad. Hace diez años atrás me hubiese parecido normal oírlo de alguno de nuestros jurásicos parlamentarios de la vieja política; pero hoy poner al dinero y al progreso por encima de la ecología, con todo lo que el mundo vive, es realmente insensato.
Revisaba algunos papeles viejos y me encontré con este discurso del presidente Evo a los pueblos del Abya Yala: “el territorio es todo, no es solo un área geográfica. Es el espacio de su cultura e identidad. Es el espacio donde se desarrolla su tecnología, donde se da el manejo equilibrado de sus riquezas naturales, su arte, su forma de ser y de pensar, su cosmovisión, su vida misma. Para los pueblos indígenas del planeta, la madre tierra es la vida misma. Concebimos al ser humano como parte integral de la naturaleza y hemos sentido y practicado siempre un gran respeto por ella”.
Todo lo que hemos estado viviendo los últimos meses ha sido desconsolador y en extremo triste. Gente como Ávalos nos despierta de golpe y nos traslada a una pesadilla. Ningún país vecino recibe vehículos viejos por los daños ambientales que representa; Bolivia lo hace. Ningún país europeo (con excepción de España) se ha abierto a los transgénicos por peligros demostrados y riegos para la naturaleza y el hombre. La industria de las semillas transgénicas se ha metido en países pobres con gobiernos débiles; Bolivia es uno de ellos. Todo el mundo apuesta a recuperar las selvas, proteger la fauna y a los pueblos indígenas que las habitan; en cambio, en Bolivia se construye una carretera por el corazón de su hogar.
El Mundo, 11 de julio 2011